Hoje o dia transcorreu pesado e nevoento aquí, no Rif. Nuvens de chumbo coroavam os curutos, arredor da cidade, e o dia foi passando, de vagar, diante do ecrã do aparelho mágico. Fora também há menos atividade. Os meus vizinhos são frientos demais para sairem passeiar com tempo gris. Só o religiosso de barbas-Aquí aos que levam barba longa dim-lhe religiossos, coma se o sentimento religiosso for proporcional à longitude das barbas - Só ele anda a remexer nos seus trebelhos que cada dia tira para fóra, e estende pola beirarrúa, e logo, à noite, volve a guardar, ajudado polos seus dous raparigos. Na moreia de cousas apilam-se máquinas de lavar, quencedores de água, batedoras, cozinhas de gás...O talher é tão pequeno que, se deixa as cousas dentro, não cabe ele. De aí o trafego de cada dia.
È um bom vizinho, e um bom profesinal dos arranjos e a reciclagem. Agora mesmo acaba de fechar a persiana metálica até amanhã, que volverá a re-começar sua jeira.
Ja quase não queda luz. As palmeiras de diante da mesquita abaneam suas folhas agitadas polo vento. É o magreb,a hora da derradeira pregária do dia, antes de a noite cair.
Lembro aquela canção de Manu Chao: "Infinita tristeza..."
Também as palavras de Mohamed Chukri:
Fue en los años cuarenta. Mi territorio de origen, el Rif, padeció una terrible sequía. Los míos, como todos los demás, fueron arrojados a los caminos por el hambre y la escasez. Tomaron los caminos del exilio unos hacia Orán, otros hacia la zona norte de Marruecos y especialmente a Tánger. Desde Beni Chiker, aldea próxima a la ciudad de Melilla, transportamos un solo y único bien: el rifeño, nuestra lengua.
"Tenía siete años cuando encallé en Tánger, el Paraíso de la época. Y, cuando quería jugar con otros niños del arrabal donde mis padres habían plantado su barraca, encontré la persecución: - “Vete de aquí, hijo del hambre”. “¡Largo! ¡Fuera, rifeño!”
¿Será natural la crueldad en los niños? En cualquier caso, sabe ser espectacular.
En este mismo arrabal vivían gitanos y andaluces, tan marginados como nosotros, los rifeños, pero gozando de un estatus menos precario que el nuestro. Hacía mucho tiempo que estaban instalados allí. Ganaban su vida algunas veces haciendo trabajos manuales, otras veces robando. Sus hijos me aceptaron y trataron como uno de ellos. Unía con frecuencia mi fuerza a la suya para atacar a los otros niños del suburbio, los más violentos, los marroquíes. Estos niños gitanos y andaluces me enseñaron no solamente a defenderme, los niños hablan sobre todo con el lenguaje del cuerpo, sino también a pronunciar las primeras palabras en español. Es así como aprendí el español antes que el dialectal marroquí. La lengua del exilio."

chúzame -